Mi nombre es Susana Graciela María Vignolo, DNI.
4.964.625, viuda desde hace un año y
medio, soy jubilada, abogada en ejercicio, vine por invitación de una amiga. Yo
hice muchos retiros de sanación y liberación, donde Dios me fue sanando, pero
la experiencia que viví en este retiro con el padre René Cari, fue extraordinaria,
la primer noche del retiro, el de
diciembre después, de las oraciones y misa paso, entre las personas
imponiéndonos las manos con la cruz, que me la puso en el pecho y empezó a
orar, y enseguida sentí que un fuego me quemaba terriblemente, hasta tuve la
tentación de decirle al padre que me quemaba, nunca lo había sentido, así a
pesar haber estado en varios retiro de sanación y liberación, el poder que
Jesús le ha dado al Padre René, es
tremendo, grandísimo, extraordinario, sobrenatural.
Yo soy diabética y por el exceso de trabajo profesional no duermo me levanto a trabajar o
a rezar a las 3 o 4 de la mañana, porque no puedo dormir, y a pesar que estoy
medicada, porque soy insulina dependiente, mi glucosa es muy elevada por el stress continuo que vivo. Esa
noche el padre pregunto, quienes no podían
dormir, que levantáramos las manos, y yo las levante, esa misma noche
tuvimos la entrevista personal, para que le dijéramos nuestras enfermedades y
problemas, y el padre oro imponiéndome
las manos y con óleo sagrado, me fui a
dormir, y no me desperté en toda la noche, a la mañana, no podía levantarme, no
tenían fuerza, me medí el azúcar en
sangre y tenía 0,77 de 3,50 que tenía la tarde anterior, fue milagroso.
Además mientras desayunábamos recibí por teléfono una
muy mala noticia, de mi trabajo, lo que me descoloco y me vino una gran crisis
de nervios, enseguida el padre me asistió y me dijo que tuviera confianza en
Dios que todo se iba a solucionar en las manos de Jesús, me tranquilice y traté
de solucionarlo y verdaderamente en el fondo estaba todo bien, pero habían
tratado de desalojar a una familia que yo represento y hablé con el tribunal y
me dijo que todo estaba bien que no me preocupara y las oraciones también
llegaron a esa familia, que a pesar de la desesperación que sufrieron estaban
tranquilos cuando les hable, Dios había
ya había obrado, y estaban tranquilos.
La experiencia de sanación y liberación que he vivido,
fue la más grande que he tenido, y agradezco a Dios, al padre René por su
sanación y liberación. Gracias Santísima Trinidad, gracias Padre, gracias a mi
amiga que me hizo saber de este prodigio de Dios, que es el Padre René.